Cuerpo
Meditación: Bitácora de viaje estelar.

Cerrar los ojos. Sentir que el aire entra y sale. Hacer consciente la maravilla de respirar. Observar
los pensamientos que pasan como una película de mi vida. No me definen, sólo pasan. Tener un
momento, un regalo del día, de entrar en contacto conmigo misma, de conocerme, de
escucharme, de entenderme. Meditar es comunicarme con conmigo y sensibilizarme con el
mundo.
Niños y niñas ya lo saben, lo experimentan a cada instante en sus juegos, en sus creaciones, en sus
pláticas. Ellos y ellas están en contacto con sí mismos y son sensibles a los demás, por eso
preguntan, indagan, imaginan. La meditación es una herramienta para que no se les olvide hablar
con ellos y ellas mismos. Es un vehículo de admiración personal. Maravillarse de lo que son para
poder valorar la ética del autocuidado, el respeto y el bienestar universal.
Cada meditación que practico con niños y niñas es una experiencia de vida. La capacidad que
tienen para concentrarse y reflexionar es admirable. Por eso es una actividad que me sigue
entusiasmando desde hace tres años a la fecha. Esta práctica de meditación, más que un taller, es
un compartir en comunidad un espacio donde la mente se permite escuchar las voces del corazón.
Donde cada uno y una de nosotros encontraremos un momento para estar bien en nuestro
espacio y en la vida diaria.

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